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Ford Mustang Shelby GT500 2020 brutalidad refinada

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¡Así de ambigua es esta bestia de 760 hp que puede llevar a un bebé dormido en su sillita a 280 km/h!
En 1965 se devela el primer Shelby GT 350 y se trató de una severa la modificación a un vehículo lanzado al mercado pocos meses antes llamado: Mustang -con carrocería 2+2 o también conocido como Fastback- el cual fue dotado de un motor Ford V8 Windsor 289 PC HiPo (Código K) de 4.7 litros y que gracias a las modificaciones hechas por Shelby entregaba 306 hp a las 6,000 rpm ¡Una locura para la época!.

Al año siguiente al poderoso motor se le podía adicionar un súpercargador Paxton que elevaba la potencia hasta los 390 hp

Nuestro GT500 de prueba tiene el número 002 de 150 que llegarán a nuestro país, con la configuración que tiene el precio es de $2,300,000.00 ¡Si Dos Millones 300 mil pesos! Y ese precio puede aumentar si se decide pagar los extras como los rines de fibra de carbón – o de carbono para que no me regañen-

Bajo el cofre encontramos un V8 PREDATOR de 5.2 litros SUPERCARGADO que nos ofrece 760 caballos de fuerza en el rango de las 7,300 rpm y genera un torque de 525 libras pie a las 5,000 revoluciones.

El motor está acoplado a una transmisión robotizada de doble embrague de siete cambios manufacturada por TREMEC y precisamente la transmisión es una de las cosas que ha hecho que los puristas frunzan el ceño, ya que -según ellos- las cajas de doble embrague no van con un Muscle Car, y a esos puristas recalcitrantes les digo que por más ortodoxo que se pretenda ser no se le puede dar la espalda a la tecnología, y a ese respecto las cajas de doble embrague han demostrado que son lo más rápido que puede haber en cuestiones mecánicas.

Otra de las cosas que brilla en el GT500 es el esquema de suspensión: del eje delantero hay poco que explicar, ya que recurre al confiable sistema MacPherson. El eje trasero es multibrazo e independiente -eso no es una novedad- ya que desde que nació la sexta generación de Mustang en 2014 todos tienen esta necesaria virtud. Los ingenieros de Ford nomás tardaron 50 años en darse cuenta que tanta potencia no es fácil de controlar en un vehículo que tiene una suspensión de camión en el eje trasero. Además de una suspensión muy precisa en el GT500 nos encontramos en las cuatro esquinas amortiguadores con actuadores magnetoreológicos denominados MAGNERIDE y funcionan así: El amortiguador trabaja modificando su dureza en función de las necesidades de conducción y basándose en la información recibida de sus sensores periféricos colocados en el vehículo y que se encargan de informar de la situación de la carretera y otros parámetros del vehículo. Todo esto lo realizan en nanosegundos.

El sistema de frenos está firmado por BREMBO y tiene discos flotantes de 15.5 pulgadas con mordazas de seis pistones en el eje delantero y de 15 pulgadas con mordazas de cuatro pistones en el eje trasero.

Una de las primeras cosas que desconcierta es la ausencia de una palanca de cambios… ¡En efecto, no la hay! En su lugar encontramos una perilla selectora colocada en la consola central y en el caso de decidir hacer el cambio manual, para ello están las paletas en el volante.

Toda la atmosfera a bordo está enfocada al manejo deportivo, desde la apariencia del cuadro de instrumentos hasta las Track Apps en donde el conductor puede elegir la información y función desplegada, por ejemplo los tiempos por vuelta -en el caso de usarlo en un circuito-, también con las Track Apps se puede seleccionar y activar el “Launch Control” para arranques de cero al más puro estilo de la NHRA. Otra cosa que se agradece con una enorme sonrisa en cuanto se actica es el sonido del sistema de escape, que tiene cuatro ajustes: Manual, Silencio, Sport y Pista.

Ya habituado al interior que nos abofetea con mucha información y bien acoplado en los RECARO empiezo la primera de muchas vueltas en la pista con esta bestia, y no niego que hay mucho respeto, precaución y algo de miedo al liberar esos 760 caballos.

Los anteriores Shelby que había tenido la oportunidad de manejar en pista exigían muchos conocimientos físicos para manejar y anticipar las violentas transferencias de peso, mismas que exigían una gran suavidad de reacciones tanto del volante como del acelerador al administrar la potencia al piso. Pues les cuento que en el GT500 esas cosas son del pasado, ya que gracias a la puesta a punto y al impecable trabajo de la suspensión Magneride es mucho más fácil llegar a los límites en una pista, al más puro estilo de un Coupé Gran Turismo Europeo, ahora si el Shelby está a la altura dinámica de Aston Martin por ejemplo, sin dejar de mencionar a los alemanes de alto desempeño, y sin olvidar de los italianos que triplican el precio.

Un verdadero GT, con facultades y con muchos años de aprendizaje y desarrollo detrás. Siempre lo dije, los Shelby hasta la sexta generación eran camiones extra poderosos, impredecibles e incontrolables. Hoy los señores ingenieros de Dearborn en las cercanías de Detroit me han callado la boca y han presentado al mundo un producto simplemente espectacular