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A 20 años de Dolly, hay gente comiendo carne clonada

Dolly es el primer mamífero resultante de la clonación de una célula adulta. El 5 de julio de 1996, nació en Escocia. Veinte años más tarde, la clonación con fines ganaderos se practica en varias regiones del mundo.
Para Dolly, las cosas se complicaron después de nacer. La oveja envejeció prematuramente. Sufrió artritis y desarrolló una enfermedad pulmonar, antes de ser sacrificada en 2003. Su cuerpo embalsamado se encuentra en el museo nacional de Escocia.

Argentina, Brasil, Canadá y Australia también practican la clonación de animales de cría. China causó sensación a fines de 2015 con el anuncio de la construcción de una planta de clonación de distintos animales. La sociedad Boyalife promete 100.000 embriones de vacas el primer año y a mediano plazo de un millón por año.

Dos cabezas y tres patas
Ante una opinión pública mayoritariamente hostil a la clonación, la Unión Europea no deja producir clones para la cría de ganado. Desde 1997, impone una autorización de comercialización a la venta de productos clonados. Hasta el presente, nadie ha presentado una solicitud.

Un informe de expertos remitido en noviembre a la Comisión Europea admite una "posibilidad" de que alimentos resultantes de animales clonados terminen en el plato del consumidor europeo, a causa de las importaciones de carne y leche procedentes de países terceros, pero también de la importación de animales en pie y de material genético utilizado para la reproducción animal en la Unión Europea.

"Los europeos comen tal vez sin saberlo carne resultante de descendientes de clones, a falta de trazabilidad y de etiqueta", declaró a la AFP Pauline Constant, portavoz de una federación de consumidores europeos.

La agencia europea de seguridad alimentaria (EFSA) dice no tener inquietudes acerca de la salud humana. Pero señala "los problemas de salud animal y de bienestar de los animales" asociados a la clonación.

"La mortalidad embrionaria es elevada, el alumbramiento puede complicarse, algunos animales nacen demasiado gordos o con patologías pesadas", advierte Peyraud. Hubo casos de ovejas con dos cabezas o tres patas.