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Megalodón sabe que es una película estúpida, pero eso la hace tan genial

A pesar de que son radicalmente diferentes, Megalodón parece un extraño homenaje a la película Tiburón, de Steven Spielberg.
Es como si los guionistas de la película se hubiesen sentado a ver la obra maestra de 1975 y hubiesen empezado a hacerse preguntas. ¿Qué pasaría si el tiburón realmente se comiese a la gente de la playa? ¿Y si los héroes pudiesen luchar contra el tiburón bajo el agua? ¿Y si realmente hubiesen conseguido un barco más grande? 

Todo eso y más sucede en Megalodón, del director Jon Turteltaub (La búsqueda). 

Es la última película del género sobre ataques de tiburones que la película de Spielberg popularizó hace ya muchos años. 

No solo se encarga de formular esos “¿y si...?” que les faltaba a la trama de Tiburón, sino que completa también la historia detrás de la película. 

Los historiadores cinematográficos (y el propio Spielberg) te dirán que Tiburón es una obra maestra porque el director tuvo problemas en el set y no pudo enseñar el tiburón tanto como quería. 

Eso terminó haciendo que la película fuese mucho más aterradora. 

Spielberg no tiene nada que ver con Megalodón pero la película tiene un aire a lo que pudo haber sido si si Tiburón hubiese tenido un presupuesto ilimitado, acceso a la tecnología actual, y haber bebido un par de cervezas antes de rodarla. 

Es una película de tiburones sin tener ninguna de esas limitaciones, y trata de explotarlo, dejando como resultado una película de acción tonta y divertida de las que a todo el mundo le encanta ver.